El esfuerzo que supone ahorrar tiene su compensación, ya que, por cada 1.000 euros invertidos puede ahorrarse hasta 430 euros en su declaración de la renta.
Si tiene menos de 50 años podrá aportar hasta un máximo anual de 10.000 €.
De esta aportación podrá deducirse en su declaración de la renta la menor de las siguientes cantidades:
-
Su aportación (con el máximo de los 10.000 € anteriores)
-
El 30% de la suma total de los rendimientos netos del trabajo y de actividades económicas que haya obtenido en el año.
Si tiene más de 50 años o los cumple a lo largo del año, su límite máximo anual de aportación será de 12.500 € pudiéndose deducir en su declaración la menor de las siguientes cantidades:
-
Su aportación (con el máximo de los 12.500 € anteriores)
-
El 50% de la suma total de los rendimientos netos del trabajo y de actividades económicas que haya obtenido en el año.
Y si llegado el momento de presentar su declaración, la cantidad que se puede deducir es menor de la que aportó, no se preocupe, porque la diferencia se la puede deducir en los 5 siguientes ejercicios.
Además, si ya se ha jubilado, puede seguir aportando a su plan de pensiones y beneficiarse de sus ventajas fiscales siempre y cuando no haya empezado a cobrar la prestación (si ya la ha empezado a cobrar sólo podrá destinar esas nuevas aportaciones a las contingencias de fallecimiento o dependencia).